La histórica rivalidad entre JBS (familia Batista) y Marfrig (familia Molina) sumó un nuevo capítulo en Medio Oriente, donde ambas compañías intensifican sus inversiones en el mercado halal, impulsado por el crecimiento de la población musulmana. El segmento ya mueve cerca de US$ 2 billones anuales y se estima que el consumo global de carne halal superará los US$ 1,5 billones hacia 2027, según la consultora Nielsen.
Con estrategias diferenciadas, Marfrig prepara la salida a bolsa de Sadia Halal en 2027, mientras JBS apuesta por ampliar su presencia industrial y comercial en Arabia Saudita y el Golfo. La empresa destinó R$ 500 millones a nuevas plantas y a potenciar la marca Seara en la región, con el objetivo de duplicar la producción de pollo antes de fin de año. Según el Bank of America, el mercado cárnico de MENA ya importa volúmenes similares a Asia, con unas 127 mil toneladas de pollo mensuales.
Arabia Saudita se volvió el eje central de la disputa, con un consumo per cápita de 45 a 50 kg de pollo al año y una política activa de atracción de inversiones en alimentos. Desde 2021, JBS invirtió US$ 85 millones en plantas en Dubái, Dammam y Yeda, esta última inaugurada en 2025 con miras a duplicar capacidad. A pesar de representar solo el 0,6% de su facturación global, la región ofrece un alto potencial de crecimiento para el grupo.
Marfrig, en tanto, consolidó la presencia de Sadia Halal, marca reconocida en la región desde los años 70, con plantas y centros logísticos en Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Kuwait, Omán y Qatar. La nueva empresa será listada en la bolsa de Riad con participación de la estatal Halal Products Development Company (HPDC), vinculada al fondo soberano saudita PIF, que podría adquirir hasta 40% del capital. En los últimos 12 meses, las operaciones halal de Marfrig generaron ingresos por US$ 2.100 millones, el 7,3% de su facturación total.